miércoles, 1 de agosto de 2007

Los cuentos errantes de Gabriel García Márquez

En 1992, en la ciudad de Cartagena de Indias, el reconocido novelistas colombiano Gabriel García Márquez o “Gabo” (diminutivo de su nombre usado cotidianamente en los medios de comunicación) concluye el prologo de una recopilación de cuentos donde su magistral pluma plasmó las anécdotas y vicisitudes de algunos latinoamericanos en sus visitas al viejo continente. “Doce cuentos peregrinos” es el título con el cual Gabo bautizó a esas pequeñas notas de prensa y trabajos corto que realizó desde 1974 hasta 1992, para mantener activa su creatividad entre novela y novela.

Si un punto tiene en común los doce textos, ese es la incompatibilidad de las culturas latinoamericanas y el estilo de vida de la sociedad europea. En esta obra todos los personajes fueron golpeados en algún instante por las diferencias de idioma, la frialdad europea y las excesivas normas de las instituciones. La muerte, la soledad y la infelicidad también juegan un papel protagónico en las historias pintadas por Márquez.

Tres cuentos ocuparán la atención de este trabajo, La santa, El avión de la bella durmiente y “Sólo vine a hablar por teléfono”. Tres hechos ficticios que a pesar de su vieja data se mantienen vivos dentro de la realidad venezolana. Márquez es un escritor ligado estrechamente al trabajo periodístico, y aunque sus textos sean literarios se alimentan en gran medida de los sucesos que lo rodean. Por eso no ha de extrañar que el autor mezcle la fantasía con la realidad cercana y cree una historia con que cualquier latinoamericano pueda sentirse identificado.

La santa es una ficción muy cercana a Venezuela, es conocida la larga peregrinación vivida por lo creyentes venezolanos para elevar a santos a figuras como las Beatas: Madre María de San José y la Madre Candelaria de San José, pero especialmente el Caso de José Gregorio Hernández al cual el vaticano sólo lo ha reconocido como venerable. Desde 1949 hasta nuestros días los devotos de este piadoso médico han implorado a la Iglesia su santificación sin obtener más resultado que la aceptación de su veneración. Monseñor Luces Castello al igual que Margarito Duarte (personaje de cuento La santa) ha cumplido contados los requisitos exigidos por la iglesia católica, logrando en 1986 Monseñor Castello que el Papa Juan Pablo II le otorgue a José Gregorio Hernández la virtud de Siervo de Dios. Aun se espera por el milagro que eleve al galeno caraqueño a la santidad.

Además de esa cercanía con nuestro entorno La santa ofrece una calidad literaria que la convierte en un texto digno de degustar. Márquez describe la vida del inmigrante en la Roma de los años 70. Las pensiones italianas, la llegada de los bohemios en busca de la fama o la inspiración, romances de barrio, entre otras situaciones que permiten al lector sumergirse en el escenario donde Margarito Duarte llegó con el único fin de lograr la santificación de su pequeña hija muerta. Un elemento quizá un poco sádico dentro del texto, es la manera como Duarte carga para arriba y para abajo el cajón con la pequeña muerta y va mostrándola a quien le pregunte para que constate el perfecto estado en que se encuentra el cadáver.

El narrador es testigo de las vicisitudes de Duarte, y participa el algunas de las anécdotas que el personaje vive a los largo de la historia. Es él quien realiza la sentencia final de que quien merece llegar santo es el protagonista y no la pequeña muerta del cajón.

El avión de la bella durmiente es una historia más fresca y llena mucho de romanticismo. ¿Quien alguna vez no ha tenido un amor platónico?, ¿quien no ha soñado con lograr la atención de la persona que le quita el sueños y que ni siquiera sabe que existe? Pues está es la esencia del relato que se desarrolla mayormente en un vuelo de Paris a Nueva York. Otro elemento interesante dentro de la obra es la larga espera del protagonista en el aeropuerto. Márquez narra una historia en primera persona donde el Terminal aéreo se convierte en una prisión para quienes deben esperar a que cese la tormenta para embarcarse rumbo a sus destinos. La narración es lineal y el cuento concluye cuando el protagonista ve partir al objeto de su admiración sin poder si quiera dirigirle una palabra.

“Sólo vine a hablar por teléfono”, ¿fantasía o realidad? Quien lea este cuento puede creer que no tiene ningún parecido con la realidad venezolana. Pues se equivoca. Es común escuchar en los noticieros nacionales reportes sobres la situación de las cárceles de mujeres en el país. Más de una vez algún familiar ha denunciado como una reclusa ha tenido que someterse sexualmente ante el personal de seguridad, peor aun personas que permanecen recluidas debido a las deficiencias administrativas del sistema judicial venezolano. La historia de María de la Luz Cervantes está muy cerca de nuestro país. Esta mexicana vive la injusticia de un sistema que desconoce, de la picardía de una mujer que evita su reclusión y de un marido que duda de su salud mental.

El texto narrado en tercera persona cuenta las desventuras de María de la Luz desde el momento que se accidente enana carretera española mientras viajaba de Zaragoza a Barcelona hasta su triste final abandonada y olvidado en un sanatorio mental. “Sólo vive a hablar por teléfono” es un cuento donde un donde una situación sencilla y corriente se convierte en una tragedia que acaba con las ilusiones de vida de una joven latinoamericana radicada en Madrid.

Doce cuentos peregrinos transmiten una realidad que no es ajena al venezolano. Al que busca una vida mejor lejos de las fronteras de su país o al que sale obligado por una situación. Al que viaja en busca de una aventura o quien tiene la certeza de cumplir una misión. Muchos son los Margaritos Duartes o las Marías de la Luz que caminan por las calles del viejo continente extrañando el calor de su Puerto La Cruz natal o la arepa hecha en fogón de su Zaraza querida.

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